Para mejorar nuestro conocimiento debemos aprender menos y contemplar más.
Hemos modificado tan radicalmente nuestro entorno que ahora debemos modificarnos a nosotros mismos para poder existir dentro de él.
Sufrir sin quejarse es la única lección que debemos aprender en esta vida.
No hay que prestar atención a quienes nos aconsejan, bajo el pretexto de que somos hombres y solo debemos pensar en las cosas humanas, ni a quienes, por ser mortales, nos llevan a renunciar a las cosas inmortales.
En todo lo que nos rodea y en todo lo que nos mueve debemos advertir que interviene en algo la casualidad.
Al tratar del Estado debemos recordar que sus instituciones no son aborígenes, aunque existieran antes de que nosotros naciéramos; que no son superiores al ciudadano; que cada una de ellas ha sido el acto de un solo hombre, pues cada ley y cada costumbre ha sido particular; que todas ellas son imitables y alterables, y que nosotros las podemos hacer igualmente buenas o mejores.
Cuanto más altos estamos, más debemos bajarnos hacia nuestros inferiores.
Aunque personalmente me satisfaga que se hayan inventado los explosivos, creo que no debemos mejorarlos.
Los fanatismos que más debemos temer son aquellos que pueden confundirse con la tolerancia.