La única verdadera fuente de la cortesía es la consideración.
La verdadera cortesía consiste en ser uno mismo y en hacer que cada uno se sienta tan cómodo como pueda.
Hablar con mucha cortesía a veces conquista y otras empalaga.
La cortesía es, ante todo, un buen negocio. Y que se ha de tener, sino en atención a los demás, por puro egoísmo.
Nada resulta más atractivo en un hombre que su cortesía, su paciencia y su tolerancia.
Los temores, las sospechas, la frialdad, la reserva, el odio, la traición, se esconden frecuentemente bajo ese velo uniforme y pérfido de la cortesía.
La cortesía consiste en conducirse de modo que los demás queden satisfechos con nosotros y consigo mismos.
La cortesía es como el aire de los neumáticos: no cuesta nada y hace más confortable el viaje.
La educación y la cortesía abren todas las puertas.
La cortesía es en realidad la forma más eficaz de desprecio.
Es difícil decir cuánto concilia los ánimos humanos la cortesía y la afabilidad al hablar.