Jamás hay que discutir con un superior, pues se corre el riesgo de tener razón.
Es peligroso escuchar. Se corre el riesgo de que le convenzan; y un hombre que permite que le convenzan con una razón, es un ser absolutamente irracional.
Pocos son entre los hombres los que llegan a la otra orilla; la mayor parte corre de arriba a abajo en estas playas.
Para elogiar, nuestra pluma corre rápidamente. Cuando se trata, empero, de vituperar, sólo a fuerza de horas podemos concluir el artículo más conciso.
El mártir espera la muerte; el fanático corre a buscarla.