Una amiga invitada a cenar pregunta: "Groucho, ¿no tendrás ancas de rana?". "No —contesta— es el reumatismo lo que me hace andar así."
Lo que quiero decir en realidad es que todavía me equivoco. Todavía voy por ahí y digo las cosas en la televisión que sé que el Señor está como, 'Sherri, ¿qué estás haciendo?' pero yo sé que puedo volver y ponerme de rodillas y decir: 'Señor, perdóname.' Yo sé que él nunca me dejará ni me abandonará. Lo maravilloso es que Él contesta mis oraciones a pesar de mí.