Cuando gozamos de salud, fácilmente damos buenos consejos a los enfermos.
No le des nunca consejos al que te pida dinero.
Pídeles consejos a los viejos y a los jóvenes, pero sigue tu propio sentido común.
Es necesario tener tanta discreción para dar consejos como docilidad para recibirlos.
Siempre pongo en práctica los buenos consejos que me dan. Es para lo único que sirven.
Quien no haya sufrido lo que yo, que no me dé consejos.
Es más fácil dar consejos que sufrir con fortaleza la adversidad.
Siempre es bueno dar consejos, pero darlos buenos es fatal.
Una cosa te pido, y es que no te dejes llevar por excesivos consejos. Es mejor que elijas un consejero que te aconseje sinceramente, y seguirlo. Cosa peligrosa es acompañar a muchos.
Nunca damos con tanta liberalidad nuestros consejos como en otras cosas.