Al principio y al final de las catástrofes, siempre se dice algo retórico. En el primero, aún no se ha perdido la costumbre; en el segundo, se ha recuperado. Es en el mismo momento de la desgracia cuando uno se acostumbra a la verdad.
La adulación, bajeza del que adula; engaño del adulado y aún bajeza de ambos; porque su bajeza muestra el que disfruta de su adulación, que no confía en el valor de sus méritos.
Seas parco en elogios, y aún más en vituperar.
Si pasas suficiente tiempo con un hombre, te darás cuenta de que todos somos aún niños pequeños.