Mis padres empezaron con muy poco y eran los únicos en su familia en graduarse de la universidad. Como padres, se centraron en la educación, pero no se limitaron a lo académico: se aseguraron de que supiéramos música, que viéramos arte y teatro, y que viajáramos, a pesar del presupuesto ajustado.
La actual crisis de salud, sin embargo, es en parte obra del imperio del mal. Se nos dijo y nos aseguraron que cuanto más carne, productos lácteos y aves consumiéramos, más saludables estaríamos.
La promulgación de la Seguridad Social por Roosevelt fue una revolución moral en nuestro país: nos aseguraron que nunca caeríamos en la pobreza extrema. Y ahora, que se diga que apostar en Wall Street es un disparate, es una locura.
Aunque mis padres me aseguraron una y otra vez que no era estúpido o lento, sentí que mi dislexia era ahora un estigma sobre todos nosotros.