La victoria por naturaleza es insolente y arrogante.
Una derrota peleada vale más que una victoria casual.
La victoria y el fracaso son dos impostores, y hay que recibirlos con la misma serenidad y un saludable punto de desdén.
La victoria tiene un centenar de padres, pero la derrota es huérfana.
Puedes ser invencible si nunca emprendes un combate del que no estés seguro de poder regresar y sólo cuando sepas que la victoria está en tus manos.
La reconciliación es más bella que la victoria.