Hay libros típicos, como Moby Dick, y supongo que en mi vida adulta he leído más biografías que ficción. Comencé a interesarme por la vida de otras personas, por las cosas que realmente les habían ocurrido.
Era uno de esos días otoñales perfectos, típicos de Inglaterra, que se producen con más frecuencia en la memoria que en la vida.
Es absolutamente imperativo que los padres y los niños típicos tengan tiempo para ellos mismos, para ir a cenar o de vacaciones, mientras otra persona cuida a los niños autistas.
Generalmente mis libros típicos tienen muchas vueltas y revueltas, con una gran sorpresa final y, por lo general, otra sorpresa al final. Lo ideal, como en El Jardín de las Bestias, es que llegues a la última página y descubras que hay otra sorpresa.