Y así nos quedamos hasta que el rojo del amanecer comenzó a caer en la oscuridad de la nieve. Estaba desolado y temeroso, lleno de dolor y terror. Pero cuando ese hermoso sol empezó a elevarse en el horizonte, la vida volvió a ser para mí.
El miserable temor de ser sentimental es el más vil de todos los temores modernos; más vil aún que el terror que ha dado origen a la higiene.
Huye de las guerras, que es menos sentimiento, padecer su terror que su escarmiento.