De nada sirve el correr; lo que conviene es partir a tiempo.
Una vez llegada la desgracia, de nada sirve quejarse.
El norteamericano blanco relega al negro a la condición de limpiabotas y deduce de ello que sólo sirve para limpiar botas.
¿Quién capitulará más pronto: el que necesita las cosas difíciles o quien se sirve de lo que buenamente pueda hallar?
Pero la gran, la tremenda verdad es ésta: sufrir no sirve de nada.
De nada sirve morir. Hay que hacerlo a tiempo.