Poco bueno habrá hecho en su vida quien no sepa de ingratitudes.
¿Uno que no sepa gobernarse a sí mismo, cómo sabrá gobernar a los demás?.
Las leyes no son crueles ni suaves; son inmutables y, como tales, previsibles, cuadros fijos en cuyo interior incumbe al hombre diseñar lo mejor que sepa su destino.
Bueno es que haya ratones, para que no se sepa quién se come el queso.
Que cada cual siga su inclinación, pues las inclinaciones suelen ser rayas o vías trazadas por un dedo muy alto, y nadie, por mucho que sepa, sabe más que el destino.