Es muy fácil para cualquier persona afrontar su propia culpa de ser un fanático de la música blanca de clase media, señalando a otras personas que perciben como más ricas que ellos, más blancos que ellos.
Siempre me indigna cuando los líderes islámicos de Afganistán o de otros lugares niegan la existencia misma de la opresión femenina, evitan el tema, señalando ejemplos de lo que consideran maltrato a la mujer occidental, o peor aún, justifican la opresión de las mujeres basándose en nociones derivadas de la ley Sharia.
Siempre hay señales de que un reino está llegando a su fin, y por lo general no se ven en el propio rey, sino en su corte. En el círculo interno, celos latentes entre los asesores, que desembocan en conflictos abiertos, mientras discuten con enojo quién es el culpable de la calamidad, rumiando los errores del pasado y señalando con el dedo a los viejos y nuevos enemigos.