A menudo el sepulcro encierra, sin saberlo, dos corazones en un mismo ataúd.
El talento es un don que Dios nos da en secreto, y que nosotros revelamos sin saberlo.
Lo único que sé es que no sé nada; y esto me distingue claramente de los demás filósofos, que creen saberlo todo.
El talento no ha de servir para saberlo y decirlo todo, sino para saber lo que se ha de decir de lo que se sabe.
Saber y saberlo demostrar es valer dos veces.
En muchos casos encontramos motivos nobles y heroicos para actos que hemos cometido sin saberlo o sin querer.
No soy tan joven como para saberlo todo.
No hay cosa más fácil que dar consejo ni más difícil que saberlo aceptar.
¿Dioses? Tal vez los haya. Ni lo afirmo ni lo niego, porque no lo sé ni tengo medios para saberlo. Pero sé, porque esto me lo enseña diariamente la vida, que si existen ni se ocupan ni se preocupan de nosotros.