La creencia es una buena apuesta. Es cierto que la fe no se puede probar, ¿qué daño te hará apostar a su verdad y que resulte falsa? Si ganas, ganas todo; si pierdes, no pierdes nada. Entonces, apuesta sin vacilar en que Él existe.
El lógico desequilibrado se afana por aclararlo todo y todo lo vuelve confuso, misterioso. El místico, en cambio, consiente en que algo sea misterioso para que todo lo demás resulte explicable.