Mi abuelo por parte de mi madre era un romántico. Amaba las canciones de amor. Cada Día de San Valentín, recuerdo que compraba un clavel rojo para mi abuela, mi madre y mi hermana. Eso era algo que se repetía cada año.
Una ofensa personal es como un rasguño en un disco de vinilo. No podía mover mis pensamientos más allá de mi dolor. Se repetía, como si estuviera atrapado en sus ranuras. Solo había una forma de superarlo: tuve que perdonar, para que mi corazón pudiera volver a tomar forma.
Contar una historia en general es un acto comunitario. A lo largo de la historia humana, la gente se reunía alrededor del fuego o en una taberna para contar historias. Una persona interrumpía, luego otra, tal vez alguien repetía una historia ya escuchada, pero con un giro diferente. Es un proceso colectivo.