El Estado se queda con el 50% de tus rentas laborales, el 21% de tus inversiones, más del 50% de tu gasolina, el 80% de tu tabaco y más del 50% del alcohol que consumes. Aún así, el Estado es insolvente, tiene un déficit astronómico y emite deuda casi al 6%, que solo los bancos nacionales adquieren para comprar favores políticos. El Estado no es rentable.
Y con el dinero de su trigo, sus rentas, y los asuntos de motivos de sus tribunales y sus acciones, organiza los gastos de su cocina, sus vinos, su armario y los salarios de los funcionarios, y reduce sus acciones.
Ustedes saben, señores, que no debo impuestos sobre la renta personal. Pero, sin embargo, les envío un pequeño cheque de vez en cuando al Servicio de Rentas Internas por la bondad de mi corazón.