La ira es un ácido que puede hacer más daño al recipiente que la contiene que a lo que se vierte en él.
La posesión y el exorcismo son algo que está presente en todas las religiones y culturas. Es un miedo fundamental: ¿El cuerpo es solo un recipiente para nuestro espíritu? ¿Qué pasa si algo más se apodera de él? ¿A dónde va el espíritu?
La mente no es un recipiente que se llena, sino un fuego que se enciende.
La verdadera bondad humana, en toda su pureza y libertad, solo puede pasar a primer plano cuando su recipiente no tiene poder.
La revolución es como un recipiente lleno de los latidos del corazón palpitante de millones de trabajadores.
¿No es una sorpresa que en un recipiente donde el mercurio no tiene inclinación ni siquiera la más mínima repugnancia por estar allí, deba entrar y elevarse en una columna lo suficientemente alta para equilibrar el peso del aire externo que obliga a todo eso?
El agua en un recipiente es espumosa; el agua en el mar es oscura. La pequeña verdad tiene palabras que son claras, la gran verdad tiene un gran silencio.
La ira: un ácido que puede hacer más daño al recipiente que la contiene que a cualquier cosa sobre la que se vierte.
Lo que se recibe se recibe al modo del recipiente.