La contagiosidad de la delincuencia es como la de la peste.
Me mudaría a Los Ángeles si Nueva Zelanda y Australia fueran tragados por una ola enorme, si hubiese una peste bubónica en Inglaterra y si el continente africano desapareciera por algún ataque marciano.
Sí, no me ocupo de temas de actualidad o la cultura pop, y evito la política como de la peste.
Voy a dar mi receta para la felicidad. Me parece todo útil y nada indispensable. Me parece todo maravilloso y nada milagroso. Yo respeto el cuerpo. Evito las primeras causas como las de la peste.
El programador competente es plenamente consciente del tamaño limitado de su propio cráneo. Por eso, se acerca a su tarea con total humildad y evita trucos ingeniosos como de la peste.
El dios de los cristianos, como hemos visto, es el Dios que hace promesas solo para romperlas, que envía peste y enfermedad para sanar; un dios que desmoraliza a la humanidad con el fin de mejorarla.
Una revolución es interesante en la medida en que evita, como la plaga de la peste, lo que prometía sanar.
La buena fe es el fundamento de toda sociedad, la perfidia es la peste.