Creíamos que el crecimiento a través del gobierno local, y tal vez mediante algún mecanismo específico para la participación y la influencia de las mujeres de todas las clases en el Parlamento, que no fuera el voto parlamentario, era la verdadera línea de progreso.
La opacidad en los asuntos gubernamentales es una buena señal, no una mala; en particular, la torpeza en el gobierno parlamentario es una prueba de su excelencia, una indicación de su éxito.
La enseñanza de Maquiavelo difícilmente habría pasado la prueba del gobierno parlamentario, por exigencias de discusión pública, al menos en la profesión de la buena fe.
No podemos darnos el lujo de ir por los caminos sin salida del socialismo parlamentario o bolchevismo fascista.