Aunque tengamos la evidencia de que debemos vivir constantemente en la oscuridad y en las tinieblas, sin objeto ni fin, hay que tener esperanza.
Las religiones, como las luciérnagas, necesitan de oscuridad para brillar.
Para quienes no ansían sino ver, hay luz bastante; más para quienes tienen opuesta disposición, siempre hay bastante oscuridad.
A veces de noche, enciendo la luz para no ver mi propia oscuridad.