Toda reforma fue en un tiempo simple opinión particular.
Un amigo me preguntaba porqué no construíamos ahora catedrales como las góticas famosas, y le dije: Los hombres de aquellos tiempos tenían convicciones; nosotros, los modernos, no tenemos más que opiniones, y para elevar una catedral gótica se necesita algo más que una opinión.
No conviene hablar del pudor como de una virtud. Se parece más bien a una emoción que a una disposición adquirida. Se define, pues, como un miedo a dar una mala opinión de uno mismo.
¿Qué es el lujo? En mi opinión, es todo lo que es superfluo para hacer un hombre feliz.
No hay, en mi opinión, hombre que aprecie más la virtud y la siga con más gusto, que aquel que por no traicionar su conciencia ha perdido la reputación de hombre de bien.
Todo el mundo tiene una opinión.