Había dos voces muy distintas en mi cabeza y podía moverme fácilmente entre ellas. Una tenía que ver con el deporte, la vida callejera y establecerme como un hombre... La otra, la que compartían mis amigos de la calle y compañeros de equipo, se ocupaba cada vez más del vocabulario de la literatura.
El destino se ocupaba de la parte inferior de la cubierta.
Todos tenemos la responsabilidad de ser voluntarios en alguna parte y tengo la suerte de que me da la educación y me ocupaba de lugares para ver lo que hay allí afuera y lo que está pasando, y entonces una parte de mí en suerte una manera impactante.