Los precios mínimos de venta de alcohol son un sorprendentemente mala idea. Al igual que con los impuestos especiales, los efectos son regresivos.
En el momento solemne de la muerte, todo hombre, incluso cuando la muerte es repentina, ve el conjunto de su vida pasada desplegado delante de él, en sus más mínimos detalles. Por un breve instante se convierte en el que tiene el ego individual y todo lo sabe. Pero en ese instante basta para demostrar que todo forma parte de la cadena de causas que han estado en marcha durante su vida.
Antes había ese sentimiento bajo Eisenhower, Kennedy, Roosevelt y Truman, de que el gobierno era una solución. La confianza en la presidencia cayó precipitadamente bajo Johnson, a niveles mínimos. Y nunca regresó. Es una tendencia que, si eres liberal, resulta muy desalentadora.