La buena educación consiste en esconder lo bueno que pensamos de nosotros y lo malo que pensamos de los demás.
Aquel cuya sonrisa le embellece es bueno; aquel cuya sonrisa le desfigura es malo
Después de lo malo, viene lo bueno.
Las sensaciones no son parte de ningún conocimiento, bueno o malo, superior o inferior. Son, más bien, provocaciones incitantes, ocasiones para un acto de indagación que ha de terminar en conocimiento.
El malo, cuando finge ser bueno, es pésimo.