La sociedad está bien gobernado cuando sus habitantes obedecen a los magistrados y los magistrados obedecen la ley.
La sociedad está bien ordenada cuando los ciudadanos obedecen a los magistrados, y los magistrados a las leyes.
No creo que debamos seleccionar a los magistrados en función de una filosofía particular, sino por su temperamento, su compromiso con la neutralidad judicial y otros valores más constantes, dado que existe un consenso general.
Los magistrados son los ministros de las leyes, los jueces sus intérpretes, y el resto de nosotros somos siervos de la ley, para que todos podamos ser libres.