En el mundo común de los hechos, los malos no son castigados y los buenos recompensados. El éxito se lo llevan los fuertes y el fracaso los débiles.
A los tontos no les gusta admirar las cosas sino cuando llevan una etiqueta.
No hay que prestar atención a quienes nos aconsejan, bajo el pretexto de que somos hombres y solo debemos pensar en las cosas humanas, ni a quienes, por ser mortales, nos llevan a renunciar a las cosas inmortales.
Los delitos llevan en sus espaldas el castigo.
Los que llevan condecoraciones son como las tiendas de poco género que todo lo exhiben en el escaparate.