Mientras la presencia del mal y el eventual triunfo sobre él son cósmicos, abarcan todo el universo, lo que para el hombre es a la vez visible e invisible. La victoria se logrará a través de Cristo.
A menos que se diga adiós a lo que se ama, a menos que uno viaje a territorios completamente nuevos, no se puede esperar más que un largo desgaste de uno mismo y una eventual extinción.