Si dudo, si me alucino, vivo. Si me engaño, existo. ¿Cómo engañarme al afirmar que existo, si tengo que existir para engañarme?
La adulación, bajeza del que adula; engaño del adulado y aún bajeza de ambos; porque su bajeza muestra el que disfruta de su adulación, que no confía en el valor de sus méritos.