La política es demasiado a menudo el arte de traicionar los intereses reales y legítimos, y de crear otros imaginarios e injustos.
Todo progreso está basado en el deseo universal e innato por parte de cada organismo de vivir por encima de sus posibilidades.
Una revolución no es digna de llamarse así si con todo el poder y los medios que dispone no logra ayudar a la mujer —doble o triplemente esclavizada, como en el pasado— a salir adelante y avanzar en el camino del progreso social e individual.
Los hombres casados son horriblemente aburridos cuando son buenos maridos, e insoportablemente presumidos cuando no lo son.
Lo maravilloso de la guerra es que cada jefe de asesinos hace bendecir sus banderas e invocar solemnemente a Dios antes de lanzarse a exterminar a su prójimo.
En esta vida hay que morir varias veces para después renacer. Y las crisis, aunque atemorizan, nos sirven para cancelar una época e inaugurar otra.
La vida es una ininterrumpida e intermitente sucesión de problemas que sólo se agotan con la muerte.
Mercaderes e industriales no deben ser admitidos a la ciudadanía, porque su modo de vida es abyecto y contrario a la virtud.
Es necesario que haya uno o varios principios y, en caso de existir uno solo, que éste sea inmóvil e inmutable.
Llamamos peligrosos a los que poseen un espíritu contrario al nuestro, e inmorales a los que no profesan nuestra moral.
A la proporción, semejanza, unión e identidad del infinito no te acercas más siendo hombre que siendo hormiga.
La novedad es madre de la temeridad, hermana de la superstición e hija de la ligereza.
Lo más práctico e importante en un hombre es su concepto del Universo.
El surf me tranquiliza, siempre ha sido una especie de experiencia Zen para mí. El océano es magnífico, tranquilo e impresionante. El resto del mundo desaparece para mí cuando estoy sobre una ola.