Un joven puede evitar el vicio pensando continuamente en la enfermedad. Puede evitarlo pensando continuamente en la Virgen María. Podréis discutir cuál de los dos métodos es más razonable, o incluso cuál es más eficaz. Pero no puede haber discusión alguna sobre cuál es el más saludable.
Jamás hay que discutir con un superior, pues se corre el riesgo de tener razón.
Discutir en el peligro es apretar el dogal.