Mi misión, supongo, siempre ha sido crear un mundo en el que las personas gays y lesbianas puedan celebrar lo que somos con la misma libertad, dignidad y respeto.
Día a día, nada define tan seguramente la calidad de nuestras vidas como la firme convicción en los ojos, en las voces, en la presencia de nuestros amigos. Es a través de ellos que en realidad empezamos a conocernos a nosotros mismos y es su afecto lo que nos asegura nuestra dignidad y valor.
Amar y sufrir es, a la larga, la única forma de vivir con plenitud y dignidad.
Otros hombres famosos, todos palabra y pocas obras, pronto se evaporan. La acción es la dignidad de la grandeza.
Tal vez la única verdadera dignidad del hombre es su capacidad de despreciarse a sí mismo.
Sólo con una ardiente paciencia conquistaremos la espléndida ciudad que dará luz, justicia y dignidad a todos los hombres. Así, la poesía no habrá cantado en vano.
Los celos pueden ser una forma nueva de probar el amor, pero también pueden ofender la dignidad de una mujer perfectamente delicada.
El dolor es la dignidad de la desgracia.
La perfección de la propia conducta estriba en mantener cada cual su dignidad sin perjudicar la libertad ajena.
En cuanto alguien comprende que obedecer leyes injustas es contrario a su dignidad de hombre, ninguna tiranía puede dominarle.
Hay derrotas que tienen más dignidad que la victoria.
Si te propones algún día mandar con dignidad, debes servir con diligencia.
La dignidad del hombre requiere que obre según su libre elección, sin ninguna coacción externa.
Al parecer, la dignidad de la vida humana no estaba prevista en el plan de la globalización.
No, el éxito no se lo deseo a nadie. Le sucede a uno como a los alpinistas, que se matan por llegar a la cumbre y, cuando llegan, ¿qué hacen? Bajar o tratar de bajar discretamente, con la mayor dignidad posible.
Si el partido principal, sea el pueblo, el ejército o la nobleza, que os parece más útil y más conveniente para la conservación de vuestra dignidad está corrompido, debéis seguirle el humor y disculparlo. En tal caso, la honradez y la virtud son perniciosas.
No tengo derecho a decir o hacer nada que disminuya a un hombre ante sí mismo. Lo que importa no es lo que yo pienso de él, sino lo que él piensa de sí mismo. Herir a un hombre en su dignidad es un crimen
La indignación moral es la estrategia típica para dotar al idiota de dignidad.