La mayor desgracia de la juventud actual es ya no pertenecer a ella.
La desgracia de Don Quijote no fue su fantasía, sino Sancho Panza.
La desgracia abre el alma a una luz que la prosperidad no ve.
Es curioso lo lejos que parece una desgracia cuando no nos afecta personalmente.
Si sufres injusticias consuélate, porque la verdadera desgracia es cometerlas.
Ciertos hombres tienen el talento de ver mucho en todo. Pero les cabe la desgracia de ver todo lo que no hay, y nada de lo que hay.
La simpatía es muy frecuentemente un prejuicio sentimental basado en la idea de que la cara es el espejo del alma. Por desgracia, la cara es casi siempre una careta.
La desgracia, al ligarse a mí, me enseñó poco a poco otra religión, distinta a la religión enseñada por los hombres.
La desgracia descubre al alma luces que la prosperidad no llega a percibir.
Cuando llega la desgracia, nunca viene sola, sino en batallones.
Admiro aquella cabeza que lleva orgullosamente su desgracia, como un rey su corona.
Una vez llegada la desgracia, de nada sirve quejarse.
La desgracia es la comadrona de las virtudes.
Mi mayor desgracia ha sido siempre no ser capaz de resistirme a los halagos.
Al principio y al final de las catástrofes, siempre se dice algo retórico. En el primero, aún no se ha perdido la costumbre; en el segundo, se ha recuperado. Es en el mismo momento de la desgracia cuando uno se acostumbra a la verdad.