El éxito nunca es definitivo, el fracaso no es fatal. Es el valor que cuenta.
El éxito no es definitivo, el fracaso no es fatal: lo que cuenta es el valor para seguir adelante.
La filosofía griega parece haber llegado a un punto donde una buena tragedia no debe cumplir, es decir, un final definitivo.
Es bastante sorprendente lo difícil que trabaja el subconsciente cuando se hace entender que esta vida no es un ensayo, no hay red de seguridad y hay seguridad de cualquier cierre definitivo. También es bastante terrible darse cuenta de lo catatónico la imaginación puede llegar a ser cuando nos cubrimos nuestras apuestas, optar por la dirección más segura en cada tenedor en el camino.
En 1969, a la edad de 19 años, tuve la suerte de trabajar con George C. Scott en el retrato definitivo de su carrera durante varios meses y en varios países en la versión cinematográfica definitiva de la carrera de Patton en la Segunda Guerra Mundial.
El requisito definitivo para la grandeza de un artista es su propia muerte.
El éxito no es definitivo, el fracaso no es fatídico. Lo que cuenta es el valor para continuar.
La realización implica que lo que sé es definitivo.