La mujer no existe. Solo hay mujeres cuyos tipos varían al infinito.
Las leyes no se mejorarían nunca si no existieran numerosas personas cuyos sentimientos morales son mejores que las leyes existentes.
Una mujer disfruta con la certeza de acariciar un cuerpo cuyos secretos conoce y cuyas preferencias son sugeridas por el suyo propio.
La incertidumbre es una margarita cuyos pétalos nunca dejan de deshojarse.