Es mejor ser hombre que mujer, porque incluso el hombre más miserable tiene una mujer a la cual mandar.
Que cada cual siga su inclinación, pues las inclinaciones suelen ser rayas o vías trazadas por un dedo muy alto, y nadie, por mucho que sepa, sabe más que el destino.
Llamo rumiantes a los hombres que se pasan rumia y rumia la miseria humana, preocupados de no caer en tal o cual abismo.
En resumidas cuentas, en este mundo, cada cual consigue lo que se merece. Pero sólo quienes alcanzan el éxito lo reconocen.
A cada cual lo que se merece.