Un rey siempre es un rey, y una mujer siempre es una mujer: su autoridad y su sexo nunca se oponen entre sí ni son racionalmente contrarios.
Los milagros no son contrarios a la naturaleza, sino solo en contra de lo que sabemos acerca de ella.
Cuando anhelamos una vida sin dificultades, nos recuerdan que los robles crecen fuertes con vientos contrarios y los diamantes se hacen bajo presión.