Una conducta desordenada se parece a un torrente invernal de corta duración.
Es el porvenir quien debe imperar sobre el pasado, y de él recibimos la orden para nuestra conducta respecto a lo que fue.
Si quieres conocerte, observa la conducta de los demás. Si quieres comprender a los demás, mira en tu propio corazón.
Si no se respeta lo sagrado, no se tiene nada en que fijar la conducta.