Los buenos gobiernos se conocen cuando lo que hacen vale más que lo que sus opositores dicen.
Ningún gobierno puede sostenerse sin el principio del temor así como del deber. Los hombres buenos obedecerán a este último, pero los malos solamente al primero.
Hay que ser buenos no para los demás, sino para estar en paz con nosotros mismos.
Los hombres casados son horriblemente aburridos cuando son buenos maridos, e insoportablemente presumidos cuando no lo son.
No digas que el tiempo pasado fue mejor que el presente; las virtudes son las que hacen los buenos tiempos, y los vicios los que los vuelven malos.
Los hombres son como los vinos: la edad estropea a los malos y mejora a los buenos.
A los viejos les gusta dar buenos consejos, para consolarse de no poder dar malos ejemplos.
Los hombres buenos y bellos se conquistan con gentilezas.
Cuando gozamos de salud, fácilmente damos buenos consejos a los enfermos.
Todo está perdido cuando los malos sirven de ejemplo y los buenos de mofa.
En el mundo común de los hechos, los malos no son castigados y los buenos recompensados. El éxito se lo llevan los fuertes y el fracaso los débiles.
Siempre pongo en práctica los buenos consejos que me dan. Es para lo único que sirven.
Siempre es bueno dar consejos, pero darlos buenos es fatal.
No seas compañero de los malos ni calumniador de los buenos.
Los buenos terminan felices; los malos, desgraciados. Eso es la ficción.
La necesidad nunca hizo buenos negocios.
No son buenos los extremos aunque sea en la virtud.
Los buenos modales se consiguen a base de pequeños sacrificios.
Los hombres se equivocan con más frecuencia por ser demasiado listos que por ser demasiado buenos.
¡Cuán querida es de todos los corazones buenos su tierra natal!