El único símbolo de superioridad que conozco es la bondad.
Querer llegar a ser bueno es gran parte de la bondad.
La bondad es la única inversión que nunca quiebra.
Realmente, no sé si con justicia o no, a mí no me admira el ingenio, porque se ve que hay muchos hombres ingeniosos en el mundo. Tampoco me asombra que haya gente con memoria, por grande y portentosa que sea, ni que haya calculadores; lo que más me asombra es la bondad, y esto lo digo sin el menor asomo de hipocresía.
No puede existir bondad alguna donde no haya conocimiento de ella.
El amor ahuyenta el miedo y, recíprocamente el miedo ahuyenta al amor. Y no sólo al amor el miedo expulsa; también a la inteligencia, la bondad, todo pensamiento de belleza y verdad, y sólo queda la desesperación muda; y al final, el miedo llega a expulsar del hombre la humanidad misma.
La bondad es el principio del tacto, y el respeto por los otros es la primera condición para saber vivir.
Hay sonrisas que no son de felicidad, sino una forma de llorar con bondad.
Todo hombre alimenta un secreto sueño, que no es la bondad ni el amor, sino un desenfrenado deseo de placer y egoísmo.