Si yo fuera un entrenador joven hoy, tendría mucho cuidado al seleccionar a los asistentes.
Un lápiz y una goma son de mayor utilidad para el pensamiento que un batallón de asistentes. Lo mismo ocurre con la verdad: uno no la tiene, pero está en él.
Cuando era niño, mi padre era entrenador de fútbol, y hacía la misma pregunta a todos los asistentes que nunca contrató: '¿Es el objetivo ser entrenador de fútbol?'