Si en los hombres no aparece el lado ridículo, es que no lo hemos buscado bien.
Cuando en el mundo aparece un verdadero genio puede reconocérsele por este signo: todos los necios se conjuran contra él.
Todo hombre es sincero a solas; en cuanto aparece una segunda persona, empieza la hipocresía.
Cuando la necesidad nos arranca palabras sinceras, cae la máscara y aparece el hombre.
El genio en la tierra es Dios que se da. Cada vez que aparece una obra maestra, es una distribución de la Divinidad que se hace a los hombres. La obra maestra es una especie de milagro.