El arte de dirigir consiste en saber cuándo hay que abandonar la batuta para no molestar a la orquesta.
No es nada fácil abandonar la virtud; ella atormenta durante mucho tiempo a los que la abandonan.
Abandonar puede tener justificación; abandonarse, nunca.
Abandonarse al dolor sin resistir, suicidarse para sustraerse de él, es abandonar el campo de batalla sin haber luchado.