Martin Kippenberger fue un influyente artista alemán cuyo gusto por las travesuras le hizo el centro de una generación de enfants terribles alemanes, incluyendo Albert y Markus Oehlen, Georg Herold, Dieter Göls, y Günther Förg. Su trabajo experimentó con ideas polémicas; y en un impulso para ejecutar todo tipo de imágenes que ocuparon sus pensamientos marcó el mundo del arte de los noventa. La marea de cuadros que produjo estuvo en ocasiones marcada por lo conceptual y lo controvertido. Su obsesiva búsqueda de polémica a menudo dejaba un rastro de ofensa; una vez produjo una escultura de un sapo siendo crucificado. Su arte se relaciona con el movimiento artístico alemán Neue Wilde.
Su obra se ha mostrado en la Bienal de Venecia de 1988 y 2003, y en la documenta de 1997.