No es verdaderamente valiente aquel hombre que teme ya parecer, ya ser, cuando le conviene, cobarde.
¿Quién es libre? El sabio que puede dominar sus pasiones, que no teme a la necesidad, a la muerte ni a las cadenas, que refrena firmemente sus deseos y desprecia los honores del mundo, que confía únicamente en sí mismo y ha pulido y redondeado las aristas de su carácter.
Nunca llega a ser coronado por la inmortalidad quien teme ir adonde le conducen voces desconocidas.
Es rey quien nada teme, es rey quien nada desea; y todos podemos darnos ese reino.