Entre los mortales dudas son más sabios.
He leído en Platón y Cicerón refranes que son sabios y muy hermosa, pero nunca he leído en ninguna de ellas: Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados.
Cambiar de opinión es de sabios.
Rectificar es de sabios.
Todos los hombres son sabios; unos antes, los otros, después.
Los hombres se distinguen menos por sus cualidades naturales que por la cultura que ellos mismos adquieren. Los únicos que no cambian son los sabios de primer orden y los completamente idiotas.
Muchos habrían podido llegar a la sabiduría si no se hubiesen creído ya suficientemente sabios.
El mismo placer es un moralista mucho más severo que toda la sabiduría de los sabios.
Sólo los sabios más excelentes, y los necios más acabados, son incomprensibles.
El placer es felicidad de los locos, la felicidad es placer de los sabios.
La indiferencia hace sabios y la insensibilidad monstruos.
La ciencia tiene sus hipócritas, no menos que la virtud, y no menos engañado pasa el vulgo por aquellos que por estos. Muchos los que parecen sabios en realidad no lo son.
En la sociedad, el hombre sensato es el primero que cede siempre. Por eso, los más sabios son dirigidos por los más necios y extravagantes.
Los hombres sabios nos han enseñado que no sólo hay que elegir entre los males el menor, sino también sacar de ellos todo el bien que puedan contener.
El etcétera es el descanso de los sabios y la excusa de los ignorantes.
Son los inocentes y no los sabios los que resuelven las cuestiones difíciles.