El amor no es repetición. Cada acto de amor es un ciclo en sí mismo, una órbita cerrada en su propio ritual. Es, cómo podría explicarte, un puñado de vida.
No siempre podemos controlar nuestros pensamientos, pero sí podemos controlar nuestras palabras, y la repetición impresiona al subconsciente, que luego se hace dueño de la situación.
Una sociedad se embrutece más con el empleo habitual de los castigos que con la repetición de los delitos.