Las leyes son como las telas de araña, a través de las cuales pasan libremente las moscas grandes y quedan enredadas las pequeñas.
Muchas veces las leyes son como las telarañas: los insectos pequeños quedan atrapados en ellas; los grandes la rompen.
Nosotros, los mortales, logramos la inmortalidad en las cosas que creamos en común y que quedan después de nosotros.
Míseros mortales, que, semejantes a las hojas, ya se hallan florecientes y vigorosos, comen los frutos de la tierra; luego se quedan exánimes y mueren.
No nos quedan más comienzos.
Las heridas de la calumnia se cierran pero quedan las cicatrices.