La diferencia entre un civil y un militar es que el primero siempre puede militarizarse, pero el segundo rara vez puede civilizarse.
Para ser un hombre de estado, primero debes ser elegido.
No se trata de ser el primero, sino de llegar con todos y a tiempo.
Al principio y al final de las catástrofes, siempre se dice algo retórico. En el primero, aún no se ha perdido la costumbre; en el segundo, se ha recuperado. Es en el mismo momento de la desgracia cuando uno se acostumbra a la verdad.
Para hacer una tarta de manzana primero tienes que crear un universo.