Mis conciudadanos, nuestra larga pesadilla nacional ha terminado.
El hombre puede soportar las desgracias que son accidentales y llegan de fuera. Pero sufrir por propias culpas, ésa es la pesadilla de la vida.
Escribir en Madrid es llorar, buscar una voz sin encontrarla, como en una pesadilla abrumadora y violenta.